sábado, 18 de agosto de 2007

...Kyoto continue...

Ya llevamos dos noches en Kyoto. He visto mucha madera, mucho edificio y ya no sé qué es lo que he visto, lo que me falta de ver ni dónde estoy. Eso sí, es todo muy bonito verde y frondoso. Pero no sé si es por estas fechas o por el descubrimiento de los chinos del turismo, pero estaba todo masificado, había mucha, pero mucha gente.

Kyoto para mí es la ciudad de los contrastes. Para empezar Kyoto está en un valle rodeada por montañas, con lo que la extensión de la ciudad es reducida. En los extremos de la ciudad están los grandes templos, y en el centro de la ciudad esta la civilización y consumismo desbordante por todas partes. Calles infinitas llenas de tiendas en todas las direcciones.

Enfrente de la entrada a un templo está la modernidad, y dentro del templo (que suelen ser templos extensos con jardines enormes) está todo intacto y tranquilo. Eso sí, dentro de los complejos de templos hay más tiendas y, por supuesto, máquinas de refresco. En cualquier lado hay, y son imprescindibles, porque sudas muchísimo aquí. Hasta venden toallas para el sudor (que, por cierto, me he comprado una, y son muy prácticas para no acabar con la camiseta de un color distinto a como la tenias de buena mañana).



Los jardines son la repera, porque están súper cuidados, hasta tal punto que recortan el musgo con tijeras (musgo porque con la humedad que hay sale solo), un trabajo de chinos. También están los jardines de piedras, que son rastrillados cada mañana por los monjes de los templos.

viernes, 17 de agosto de 2007

Despedidas, lágrimas y Kyoto...

Hoy ha llegado el día que no queríamos que llegase, el curso en Okazaki a llegado a su fin, lo que conlleva el supichu y las despedidas. Por partes. El supichu (del inglés speech), consiste en que, como cada dos jueves entra gente nueva y sale gente, pues cuando terminas el curso, se reúne la gente en el pasillo, tu tutora te entrega el certificado que te dice que has cursado X semanas en Yamasa y a continuación tienes que decir unas palabras. Como hoy terminábamos los españoles, los tres valencianos, y nosotros cuatro, hemos hecho como un supichu a la vez, para pasar más desapercibido si cabe. Ha estado muy bien, ha sido emotivo y nos ha dejado con una sensación rara a la vez.

Después de todo eso hemos vuelto al piso, hemos recogido todo lo que faltaba, que no era poco, limpiado y cedido unas 15 bolsas de basura a los vecinos, ya que el martes nos quedamos dormidos y no tiramos ni el burnable, ni el kami ni pura, res de res. Ya por la tarde sobre las seis hemos salido Mai y yo rumbo a Kyoto. Arturo y Miguel se habían ido antes porque querían ver cosas de una fiesta de Kyoto y no se que más. Ya ves tú, porque luego no han visto nada de nada. Tanta prisa y tanta historia para nada. La despedida de los valencianos, Esther, David y Pablo ha sido surrealista, súper seca y fría ya que el autobús no entiende de despedidas. Ya después de llegar a Kyoto se les ha echado mucho pero mucho en falta, y eso que solo habían pasado cinco horas. En fin, bajonazos de los míos. Menos mal que en tres semanas los tendré en Elche rondando ^^. Ya en Kyoto, después de haber cogido el "New Rapid" y el Shinkansen (lo vuelvo a decir, es la ostia), llegamos a la estación a buscar el bus 203, y ese bus no estaba. Con lo que al final, por la vía rápida (y no muy económica aunque no tan cara), buscamos un taxi y le dijimos que nos dejara en tal parada del bus. Listo de mí, sólo he apuntado la parada del bus y la línea, pero no la calle. Al final el taxista se ha aclarado y nos ha dejado en la parada del bus que tendríamos que haber cogido. Unos 740 yenes, no esta nada mal. Fallo numero dos: no teníamos mapa y no teníamos ni idea de que dirección andar para buscar el alojamiento. Menos mal que esto es Japón y ha sido sacar el portátil para entrar en la web del alojamiento y tener unas 6 wifis libres, así que en nada hemos localizado el sitio. Donde estamos alojados es súper cuco, porque es una casa de las antiguas en un barrio antiguo con sus calles caóticas y estrechas. El alojamiento es una casa de dos pisos con la casa de la mujer abajo y tres habitaciones arriba, todo rollo casero pero muy bien organizado. Y menos mal que tenemos al lado a nuestro inseparable y siempre recurrente conbini para comprarnos de todo a cualquier hora y por precios de risa. Poco más por hoy: cuando vea Kyoto de día se hará el parte correspondiente. Y, claro está, cuando la wifi "corega" me lo permita, a la cual sólo me puedo conectar teniendo el portátil en la ventana y estando yo de pie, ya que las paredes son muy gordas y no pasa la señal. >_<
Nota de hoy: Hoy nos ha dicho la dueña de donde nos alojamos, que cerca de Tokyo se han registrado 49º C, y en Okazaki 38º C más la humedad súper densa que hay allí, ha debido ser asqueroso, sudando por estar quieto y a la sombra. Menos mal que aquí con entrar a un sitio cerrado, sea el sitio que sea (tren, conbini, clase, casa...) estás a temperatura de criogenización.

martes, 14 de agosto de 2007

Un dia cualquiera en Okazaki

Un día en Okazaki, o un día rutinario como decimos nosotros, consiste en madrugar, ir a clase, comer a las 12.40, volver a clase, terminar las clases y volver al piso a criogenizarse porque por el camino has sufrido una combustión espontánea del calor que hace. Por el camino pasamos todos los días por delante de un instituto y de un colegio, con lo que conlleva ver a niños y a colegiales de instituto. Qué pena que uno se acostumbre a verlo y no le sorprenda, porque mola un huevo. Y las típicas chicharras que se escuchan en todo anime que se vea, pues es cierto, hay chicharras por todos los lados, pero aquí a lo bestia.


Para una persona que no llevara tres semanas, le parecería la ostia todo lo que hacemos, porque ir al súper mercado, ya es flipante, esta todo en japonés (lógico), los envases son súper monos, hay comida que hacen allí para llevar, que esta súper buena y muy barata. El hilo musical es contagioso, cada 5minutos hay una cinta bucle que dice "irasshaimase, irasshaimase". Hay mini pantallas por todas partes, hasta en las neveras de los yogures con el anuncio del producto. Y cómo no, que no falte la canción de Bisbal "Oye el Boom". Ya la hemos escuchado 3 veces en el supermercado.

Y qué decir de los conbinis, eso es el mejor invento de Japón. Están abiertos 24 horas y tienen de todo: comida basura, sushi, bebidas, Ipod's, revistas... O sea, de todo. Y todo a precios normales, no hay ni un precio abusivo, vale lo mismo que en el supermercado. Y te tratan muy bien aunque sean las 3 de la madrugada y estén cansados. Igualito que en España vamos.



Hemos ido dos veces al karaoke, con los tres valencianos, nosotros cuatro alicantinos, Sharon (americana, pero que sabe español) y dos francesas. Una mezcla de lenguas tremenda hablamos en Japoñol, mola mil. A lo que iba los los karaokes aqui son habitaciones privadas (con lo que de vergüenza para cantar poca o ninguna ya que cantas entre amigos) en las que tienes dos PDA y dos microfones inalambricos, con los cuales puedes pedir las canciones que te den la gana. Y hay de todo hasta el aserejé, la macarena, macho man, canciones de animes todas prácticamente estan.

También está lo de subir al tren en Japón: hay muchísima frecuencia de trenes, son puntuales pero de verdad, y hay gente, eso es obvio, pero de todas las veces que hemos subido en el tren ya sea para ir a Nagoya o en el metro de Nagoya, nunca hemos tenido que estar apretujados, ni han tenido que empujar desde fuera para que entraran todos. Y en todas las estaciones hay unos soniditos súper rayantes que son pitidos cortos, pero que son súper curiosos.

En fin un post de opinión y visión mía de cosas de aquí.


lunes, 13 de agosto de 2007

En Nara

Ayer domingo, aprovechando que los valencianos se fueron a Tokyo a frikear y que en Japón el lunes, martes y miércoles es festivo, nos fuimos los cuatro a Nara.
Salimos pronto del piso, llegamos a la estación de Okazaki y, enseñando el pase del Japan Rail Pass pasas sin comprar ni pagar nada. Es una gozada te sientes como un VIP. Con él puedes subir a toda la línea JR de Japón. En Nagoya cogimos por primera vez el "shinkansen" que nos llevaría a Tokyo. A la hora de cogerlo había muchísimos shinkansen, uno cada 10 minutos para cualquier lado. Nos subimos a uno que era el más "lento" (ojalá los trenes de España fueran a esa velocidad), que lento no me pareció nada de nada. La diferencia con el rápido (el nozomi, que no lo podemos coger porque no lo cubre nuestro bono) es que tiene dos paradas intermedias antes de llegar a Kyoto. Ya en Kyoto pillamos otro tren que nos llevaba a Nara, y todo era como muy de anime y manga: las típicas estaciones antiguas, los pasos a nivel, el sonido de las barreras, las luces, la gente... Todo está bien reflejado en los mangas...

Ya en Nara fuimos al parque, que es gigante: contiene muchísimos templos, y lo mejor de todo y con lo que te quedas son los ciervos. Hay cientos de ciervos sueltos por todo el parque. Se les puede acariciar, darles comida y en estas fechas del año son muy pacíficos (supongo que en temporadas de celo la cosa cambia un poco). Aparte los ciervos están como amaestrados para que cuando le vas a dar una galleta de las que te venden te hagan una reverencia antes de comérsela. Y si tienes comida y un par de ciervos a tu alrededor, van sobre ti y te quitan la comida de las manos, son como las palomas en los parques de España, solo que las palomas no son monas.


Aparte de los ciervos, visitamos el museo nacional de Nara, vimos muchos templos budistas y shindoístas, muchas tiendas de recuerdo y maquinas de refrescos en medio de la montaña (contrastaba mucho verte una maquina de refrescos por la montaña). Había mucha gente, pero si te salías de los caminos importantes estabas prácticamente en soledad y se paseaba muy a gusto. Vimos el edificio de madera más grande del mundo, de 500 años de antigüedad desde la última reconstrucción, reconstruido varias veces por incendios.
El museo estaba compuesto por dos edificios, uno de estilo europeo antiguo y otro estilo japonés moderno. Prácticamente el museo se componía de manuscritos antiguos y muchos utensilios y estatuas de cobre. Bueno, pues a lo que iba: a la salida del museo nos encontramos con una actuación de tambores protagonizada por impúberes. La Mai al verlos se aisló del mundo que le rodeaba para concentrarse en ellos.






Nos recorrimos todo el parque y pusimos rumbo estación de tren y por el camino veíamos que la gente ponía velas en los jardines. Llegamos a un lago pequeñito en medio de la ciudad, al lado de un templo, y un hombre del staff del evento nos abordó diciéndonos "Hola, hola". Nos chocó bastante que un japonés nos hablara en español. Nos contó que estuvo en Barcelona, Valencia y Málaga, y chapurreaba el castellano. El hombre era muy simpático; hasta se ofreció a buscarnos alojamiento para que viéramos el evento de esa noche.
Y poco más, lo único remarcable del final del día fue cuando fuimos al conbini que estaba al lado de la estación de Nara y vimos una pelea (sólo verbal, pero daba igual). Molaba un huevo. Cómo hablan cunado se pelean, a lo macarra, remarcando las erres. Todos los del conbini nos asomamos, hasta las trabajadoras del mismo. Al final vino la policía, tres agentes, y no hicieron nada, dos se dedicaban a encender velas y una agente a mirar mientras discutían. La mujer del hombre lo metió a la fuerza al coche de una patada y se fueron.
Y ya acabó el día, dos horicas de trenes de vuelta y a hacer los marmotas en el futón.

sábado, 11 de agosto de 2007

Popurri

Bueno, después de meses de tener creado el blog para contar lo que pasaba en Japón, he decido publicar un post, aunque llevo en Japón más de tres semanas.
Haré un mini resumen hasta la fecha, y, si me decido un día, me explayaré en días concretos. Llevamos aquí tres semanas, estudiando japonés en Okazaki (Nagoya), en un "pueblo" de 350.000 habitantes, en el instituto YAMASA. Las profesoras y personal docente son todos muy, muy simpáticos e indescriptibles.
Con llevamos me refiero a que, en un principio, vinimos Maika y yo para ir a clase con Arturo y Miguel, y dio la casualidad de que nos alojaron a los cuatro en el mismo edificio. En nuestro curso hay 3 españoles más que son de Valencia, y residen detrás de nuestro edificio, todos súper simpáticos, hasta tal punto que ya somos una gran familia; compartimos la casa y hacemos cenas en familia. Y ya nos da pena el día de la despedida.
Hoy, noche del sábado, nos queda una semana de curso, pero resulta que la semana que viene son fiestas en Japón y el lunes, martes y miércoles son festivos, con lo que nos queda un día de clase. Después de ese día empieza nuestro tour por todo Japón de dos semanas.



El curso en Yamasa ha sido intenso, divertido y ha sido casi inapreciable de lo rápido que ha pasado. Los compañeros de clase son mayormente estadounidenses, taiwaneses y una pizca de diversas nacionalidades. Los estadounidenses tienen un acento tremendo cuando hablan japonés. Y notros también tenemos acento aunque no lo parezca. Yo tengo dificultad cuando leo la silaba "yo", que la leo tal cual, pero se prenuncia "io". Me ha costado mares acostumbrarme un poco. Anécdotas de esas varias.
La vida en Japón es maravillosa, hay una seguridad absoluta, dormimos con la puerta abierta, puede entrar quien quiera. El precio de las cosas... baratas, baratas. La fruta no tanto, pero España está por el estilo. El transporte es carillo, pero la relación calidad-precio es bastante razonable, incluso se tendría que pagar más. Las frecuencias de paso del tren, velocidad del tren y la puntualidad no fallan: si un tren pone que sale a las 12.02, sale a las 12.02, nunca más tarde. A veces hasta se adelanta. Es impresionante.
Mañana nos iremos a Nara a ver a los cervatillos libres por el parque y a ver templos.